Vermouth Argentino con platitos

El copetín al atardecer y el vermouth al mediodía antes del almuerzo, era en muchos lugares de la República Argentina algo así como un ritual y no una costumbre porque lo que se hace como costumbre llega a ser aburrido. En cambio, la hora del vermouth todos los días tenia algo de distinto.
Tomar el vermouth, haciendo un alto en el trabajo, como hora elegida para el encuentro resultó ser tan popular que las confiterías competían por mejorar el servicio. ¿En que consistía el vermouth?: el mozo traía a las mesas, comúnmente redondas y cuando el tiempo lo permitía asentadas en las veredas, el aperitivo que generalmente era vermouth Cinzano, se acompañaba con soda, a veces hielo y algunos, allá por el ‘35 le colocaban unas gotas de Fernet, el limón aparece como companero del Gancia que es posterior. Pero la guerra era quien presentaba más platitos para acompañar la bebida y aparecieron notables carteles que decían: Vermouth con 10 platitos, ¿qué contenían cada uno de ello?. Se presentaban con abundancia: aceitunas negras y verdes, anchoas enrolladas, maníes, a veces en su cascara, papas fritas, berberechos, porotos con perejil, papas cortadas en cubitos con perejil y ajo, pretzel, queso gruyere también en daditos, no faltaban los lupines y por supuesto eran infaltables el salame y la mortadela. En el fervor de la competencia las confiterías que tenían restorán solían agregar a los platitos, mondongo, milanesa cortada… dependiendo de la categoría del local. Qué buena época… se tenía tiempo para gozar de una buena compañía, del buen clima y de la calma o el ocio ya que por fortuna no existía el estrés. Alrededor de esas picadas de las que al poco rato de presentadas, sólo quedaba el brillo del fondo del plato, alguna cascara de maní o un solitario carozo, se tejieron amistades, noviazgos y vaya a saber cuantas cosas más…


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